Actualmente es casi imposible mantenernos al margen de la tecnología. Podemos ver en la mayoría de las familias uno o varios objetos o juegos tecnológicos, tales como un computador, tablet y/o celular con conexión directa a internet, lo cual nos da paso a diferentes accesos en esta gran nube cibernética.
Como vemos a diario, esta herramienta tecnológica muchas veces no es bien utilizada. Tornándose para los adultos y para los niños en una obsesión y en seres dependientes de estos objetos. Con esto último, hacemos referencia sobre todo, a los juegos y a las redes sociales (facebook, instagram, twiter, entre otros).
¿Cómo afectan los juegos tecnológicos a los niños?
A simple vista podemos ver el poder que estos aparatos han tenido en nuestras niños, lo cual se refleja en su diario vivir, al momento de interactuar y compartir con sus pares y adultos. Si nos detenemos a reflexionar en los juegos que marcaron nuestra infancia, podemos recordar que jugábamos a los roles; papá y la mamá, doctor, profesora, el negocio, entre otros, dando rienda suelta a nuestra imaginación, además, de aprender a respetar a nuestros pares, tomar y ceder turnos durante una conversación e imitar libremente haciendo uso de nuestro cuerpo. Realizábamos actividades al aire libre explorando nuestro entorno, evitando el sedentarismo y promoviendo la tranquilidad al dormir.
Sin embargo, no podemos decir lo mismo en estos tiempos en que el uso de los juegos tecnológicos son prioridad y, no permiten a nuestros pequeños desarrollar óptimamente habilidades sociales, de razonamiento, de tolerancia, exploración, empatía, imaginación y retroalimentación de un otro. Lo único que hemos logrado al facilitar objetos tecnológicos a los niños y, de manera desmedida, es la baja tolerancia a la frustración al equivocarse y/o al cometer errores, desear todo al instante y bajo su control.
Conclusión
Por todo lo anterior, queremos invitarlos a reflexionar y considerar que el juego al aire libre favorece el desarrollo emocional, social e intelectual de nuestros niños, otorgándoles momentos de tranquilidad, y conciencia de sus cuerpos, como personas dentro de un espacio real. La actividad al aire libre permite, principalmente, un respirar más profundo, ya que hay más oxígeno, que al interior de sus hogares. Además, facilita que los niños corran, griten y jueguen, liberando la energía acumulada y reprimida por diversos factores de estrés.
A veces, lo único que hace falta para cambiar malos hábitos, es una perspectiva que nos de paso a recorrer, conocer y explorar el medio ambiente, a través de nuestros sentidos. Sólo de esta manera, tendremos futuros adultos con experiencias enriquecedoras y aprendizajes significativos, esos que se logran con más naturaleza y menos tecnología.
Carolina Sanchez
Profesora diferencial