La comunicación consiste en preguntar, agradecer a los demás, comprometerse contigo mismo, expresar tu opinión, hacer preguntas, y expresar tus sentimientos.
Cuando dos o más personas están en el mismo lugar, la comunicación se produce porque transmiten no solo nuestras palabras, sino también nuestro cuerpo a través de su postura o gestos faciales. La comunicación con palabras, tanto escritas como habladas, se denomina «comunicación verbal» y los gestos que la acompañan, la voz o la postura corporal se denominan «comunicación no verbal».
A veces solo hay comunicación no verbal, por ejemplo; en un bus, ascensor o plaza, las personas no hablan, pero se podemos percibir si están tristes, felices o enojados por la posición de su rostro o cuerpo.
Por lo tanto, no es correcto decir “no tengo comunicación con mi hijo o hija”, lo que puede ocurrir es que la comunicación no sea muy buena. Muchos problemas de comunicación se deben a que no expresamos con claridad nuestros sentimientos o pensamientos, porque escuchamos a medias o rechazamos a la persona que nos habla, o porque las condiciones para hablar no son las mejores (hay muchas distracciones de otros, estamos cansados y queremos hablar rápido, etc.).
Una «mala comunicación” generalmente ocurre cuando lo verbal y lo no verbal no coinciden. Por ejemplo, cuando le dices a un hijo o hija que algo no importa, lo dices con una expresión seria o de enfado; cuando un hijo o hija tiene un buen comportamiento en la escuela y lo felicitas mientras ves la televisión. Cualquiera que reciba uno de estos mensajes podría preguntarse, ¿es verdad que no le importa lo que hice? ¿Es verdad que está contento con mi comportamiento? En esta falta de compatibilidad entre lo verbal y lo no verbal, llega un mensaje más no verbal, acompañado de sentimientos y emociones.
Por ello, es importante que el mensaje vaya acompañado de una actitud y un tono acorde con el mensaje que se transmite. Como siempre estamos en comunicación, la forma en que interactúa con sus hijos e hijas tiene una fuerte influencia en su imagen personal y autoestima.
Los niños y niñas necesitan sentir que son escuchados con atención; necesitan sentirse acogidos en sus penas, satisfechos con sus necesidades básicas, felices y orgullosos de sus logros.
La buena comunicación requiere la capacidad de hablar, pero también de escuchar. Para los adultos, esto último no siempre es fácil cuando es necesario escuchar al pequeño de la casa. A menudo, como adultos, juzgamos o descartamos argumentos sin escucharlos, o interrumpimos a un niño (a) antes de que termine de hablar o explicar.
Si quieres abrir camino a una buena comunicación con tu hijo o hija, elimina frases como: «¡qué eres tonto!», «¡siempre tan tonto!», «¡tu amigo es un burro!». «¡Para variar, se te cae todo!, etc.
Cuando un niño o niña recibe estos mensajes, lo que aprende es que es mejor no contarle sus cosas a su mamá o papá, porque se arriesga a no recibir un buen trato.
Para lograr una buena comunicación con los hijos es importante recordar que es mejor:
- Escuchar con atención, evitar cambiar de tema o hablar mirando para otro lado.
- Ponerse en el lugar de su hijo o hija antes de acusarlo/a o quejarse.
- Contener a su hijo o hija en su emoción, más que decirle cómo debería hacer las cosas o de juzgar sus conductas.
- Actuar con cariño y firmeza, más que sobreproteger o imponer las propias ideas como las únicas y correctas.
- Expresar claramente lo que espera de su hijo o hija, y no pretender que él o ella adivine.
Cuando falta una buena comunicación, la responsabilidad es de ambas partes, pero la mayoría de las veces las personas son más conscientes cuando la otra persona se equivoca que cuando se trata de sus propios errores.
Tu hijo/a necesita que:
- La/o mires cuando te habla.
- Le digas si entendiste lo que él/ella te trató de decir.
- Le preguntes qué le pasa o por qué hizo tal o cual cosa.
- Lo escuches cuando quiera explicarte lo que pasó.
- Le creas cuando te dijo que no tuvo la culpa.
- Al menos una vez al día converses él/ella sin hacer nada más, no viendo televisión, usando el celular, ni limpiando o cocinando, sólo mirándolo a los ojos y escuchando lo que te tiene que contar.
Con toda esta información, te recomendamos compartir lo aprendido con otros miembros de la familia para que ellos también aprendan a reconocer los nudos de comunicación mutua y puedan transformarlos en actitudes que promuevan una buena comunicación.